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Sábado - 22.Julio.2017

“Lo que más me gustaba de ser TCP eran los vuelos de larga distancia, eso sí que era viajar”

Hace ya 22 años, Alberto Ameneiro se convirtió en el primer alumno en matricularse en la academia de Air-Hostess de A Coruña. Durante años trabajó como TCP, hasta que tuvo que bajarse del avión y eligió transformar otra de sus pasiones en su trabajo: la fotografía. Muchos de nuestros alumnos le conocen porque desde que abrió su estudio, Black&Colour, es el encargado de inmortalizar sus recuerdos en Air-Hostess.

 

¿En qué año realizaste el curso de TCP?

Fue hace 22 años, cuando Juan Carlos abrió la academia de A Coruña y no sé si fui el primero que entró por la puerta, pero desde luego, que sí que fui el primero que se matriculó.

 

¿Por qué querías ser TCP?

A mí siempre me gustó no estar quieto en ningún lado, estar siempre cambiando de gente. Había vuelto de Brasil de estar allí de vacaciones, estuve casi tres meses en Río de Janeiro y cuando volví me dijeron: “ya está bien, por qué no estudias y haces algo”, y habían visto en el periódico el anuncio de hazte auxiliar de vuelo y ese trabajo sí que me gustaba, es un trabajo para seguir viajando, me iba a gustar el trato con  la gente. Allí me fui a la calle Torreiro, que es donde estaba antes la academia, y Juan Carlos nos lo explicó muy bien y nos convenció. Era un momento en el que  las compañías aéreas tampoco contrataban tan fácilmente: había menos aerolíneas y menos convocatorias de empleo. Llegué a ir a ofertas de Aviaco, incluso fui a Aer Lingus, a Irlanda, con Air-Hotess para ver si nos cogían y nada. Me llamaron de Spanair, y justo me dijeron en Iberia que podía ir a las entrevistas, pero en Spanair ya solo tenía que hacer el curso y entré en esta compañía en febrero de 1999 y estuve hasta que cerró en enero de 2012.

 

¿Recuerdas tu primer vuelo como TCP?

Perfectamente. Fue a Copenhague, era Madrid-Copenhague y nos quedábamos allí en un restaurante al lado del aeropuerto para una escala de dos horas. Iba con el instructor de apoyo y me iba recordando el manual de arriba abajo, a ver si me lo sabía o no me lo sabía… La verdad es que fue una experiencia muy agradable, eso sí, llegué cansadísimo, porque eres nuevo, te miran todo, llegas a una base grande donde no conoces a nadie y lo bonito es eso, es entrar desde el primer día a conocer a gente, a hacer amigos.

 

¿Qué era lo que más te gustaba?

Los vuelos de larga distancia porque eso sí que era viajar, podías llegar a estar hasta cinco o seis días consecutivos en los destinos y por supuesto en los mejores hoteles. Ahora se tiende a estar menos, aunque hay algunas compañías que mantienen los vuelos chárter y las pernoctas Lo bonito del trabajo es que cada día es diferente: horarios diferentes, gente diferente, si hay alguien que te cae mal, no es como en la oficina que le tienes que ver todos los días: hoy no le ves, mañana tampoco, y al tercero a lo mejor sí, pero bueno, tienes bastante variedad de gente. No se te hace monótono y ya no te digo del pasaje. Tienes la oportunidad de que, aunque tu compañía no haga vuelos apetecibles, por decirlo así, siempre tienes la opción de hacer uso de los billetes de la red de compañías a las que suelen pertenecer las aerolíneas y poder coger aviones en los que solo pagas las tasas y eso tiene su parte bonita.

 

¿Y lo malo?

Lo malo es que si eres una persona que te cuesta precisamente lo que para mí es bueno, lo vas a pasar mal. Si eres una persona que no se adapta a los cambios de horarios, lo vas a llevar mal, si no te adaptas a diferentes perfiles de gente, que te cuesta socializar, si eres una persona que no te gusta el trato con el público, lo vas a llevar mal. Hay que tener don de gentes, saber decir las cosas, escucharlas. Porque dentro de un avión se pueden crear tensiones con los compañeros y tienes que ser una persona, ya no digo abierta, pero sí desde luego que se adapte al medio, tanto con tus compañeros como con los pasajeros.

 

Después de toda experiencia, de todos estos años, te haces fotógrafo, ¿era otra de tus grandes pasiones?

Sí, siempre me dediqué de una manera amateur a la fotografía y es bueno tener un plan b. Yo tenía esa afición y abrí un estudio de fotografía, Black&Colour, y seguí para adelante.

 

¿Te gustaría volver a volar?

Yo creo que sí, al que le gusta volar, le gustará siempre, toda la vida, pero una cosa es que me guste volar y otra que lo vea viable. En estos momentos no es para mí una opción de peso y siempre tendré esa nostalgia de los años vividos, pero se cierra una puerta y toca abrir otra.

 

Con el mundo de la aviación no, pero sí sigues vinculado a Air-Hostess como fotógrafo…

Hago las fotografías que realizan los alumnos para los currículums. También a modo de recuerdo y para las redes sociales, les hago reportajes cuando vienen los alumnos a realizar las prácticas para los exámenes finales a A Coruña. Por ejemplo, el 11 de mayo se dan los premios de Air-Hostess en Asturias y cubriré el evento.

 

En las prácticas hay momentos que se sorprenderán, por ejemplo con el tema del fuego…

Sí, porque el fuego en el simulador es un humo que sale del baño, pero cuando salen a las prácticas de incendio, son fuegos reales. Se ven con un extintor real, están apagando un fuego de verdad, y les produce satisfacción, porque ven que no vienen a hacer el paripé, porque las funciones de un auxiliar de vuelo es más que poner refrescos, entonces todo lo que sean temas como la instrucción o la seguridad, porque esa es la principal función de un auxiliar de vuelo, eso les gusta, les hace involucrarse más en el curso y hay un montón de asignaturas muy interesantes.

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Enviado por academia - 21/04/2017

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