Y llega ese día en el que como tcp ...
12/09/2012Hoy estoy volviendo de vacaciones. No, no vuelvo de extra crew ni con billete con descuento por ser empleado de mi compañía. Vuelvo con otra compañía aérea con un billete pagado gentileza de mi padre. Para explicarnos: viajo de "pasajero normal". Qué extraña sensación después de tanto tiempo. ¿Buena? ¿Mala? ¿Distinta? No sé, pero me he acordado del día en que un pasajero me sonrío agradecido por primera vez y de el día en que otro pasajero me gritó. Ahora, mientras que estaba esperando en la puerta de embarque, lo veo todo distinto. Claro, después de todos estos años volados, lo entiendo todo mejor... Vamos a ello. Llegó el día en que una pasajera me agradeció enormemente mi ayuda. Una señora española muy mayor viajaba sola de Copenhague a Madrid y de aquí enlazaba con un vuelo a Santiago de Chile. Después de despegar, me llama con lagrimillas en los ojos y me cuenta que no encuentra su pasaporte y que tiene 6 horas de escala para conectar con su vuelo pero claro, sin pasaporte, imposible. Me recordó a mi abuelita y pensé en qué me gustaría que hiciera un TCP si mi abuela se encontrara en la misma situación. Yo acababa la línea en Madrid y le dije que se relajara, que al acabar el vuelo le iba a acompañar a la comisaría del aeropuerto a ver qué podíamos hacer. Ella tenía 6 horas y yo nada que hacer... así que al aterrizar, eso fue lo que hicimos. Consiguió su pasaporte y a las 3 semanas, mi jefa de flota me enseñó una carta de esta señora, que desde Chile había escrito para agradecerme lo que había hecho por ella. No os puedo describir lo que sentí. ¡Fue algo genial! Y sí, también llegó el día en que una pasajera se enfadó conmigo. Era una señora americana que viajaba con un bebé de Palma a Madrid. Se quejaba de que en el embarque no le había ayudado mucho con sus bultos. Tampoco hacía mucha falta según mi criterio. Dos bolsas y el bebé. Pensé -¡Cómo se pone por nada! - y la verdad es que no le hice mucho caso a sus gritos. En Madrid se lo conté a mi sobrecargo y me preguntó si yo tenía niños. No, no los tenía. Me explicó lo muy estresante que es ir con un bebé sola, con bolsas y más en un día largo de vuelo. Bueno, visto así... era verdad. Poco tiempo después empezamos el embarque para nuestro siguiente vuelo a Berlín y ¿sabéis quien embarcó? Sí, era ella de nuevo con su niño y sus bolsas. La vi de lejos mientras una de mis compañeras la ayudaba con el niño y con sus maletas...¡ufff! Estaba salvado. Durante el vuelo, una de las veces que pase a su lado, me llamó y empezó a disculparse. Yo también le dije lo mismo, un poco en parte por lo que me dijo mi sobrecargo y en parte por cortesía de TCP. El vuelo acabó y yo me olvidé...hasta hoy. Estos días que estado visitando a mi familia. Una tarde mi primo me dejó a su guapísima niña, Carmen, de 9 meses para que la cuidara unas horas mientras él trabajaba y para que la llevara a casa de sus suegros después. Después de cuidar de ella, de haberla llevarla en coche y haber experimentado en mis carnes lo que era " viajar " con un bebé recordé esta anécdota y la moraleja que de esto se extrae: un TCP tiene que ponerse en el lugar de los pasajeros. Estamos allí para ayudar y representar a la compañía y sus colores. Si lo hacemos bien la gente dirá:" En la compañía X son muy majos" y si lo hacemos mal " Que antipáticos son allí " Y todo por un comentario o una acción nuestra. Por eso debemos hacer lo que nos gustaría que hicieran con nosotros. Al fin y al cabo, miradme a mí hoy, todos somos pasajeros.




