Si no lo vuelo no lo creo

11/09/2012

Hoy ha sido un día surrealista. Si antes de subir al avión alguien me hubiese contado lo que iba a pasar, habría pensado que lo sacaba del guión de una peli de ciencia ficción. Todavía no había llegado el pasaje al avión. Estábamos chequeando nuestro material de emergencia cuando la coordinadora de tierra nos dijo que iba a subir una silla de ruedas. Los pasajeros PMR (movilidad reducida) siempre embarcan antes que el resto del pasaje y desembarcan los últimos para que todo se haga un poco más rápido y poder agilizar el procedimiento. Efectivamente, a los pocos minutos embarcaba una señora de unos 65 años, en silla de ruedas. En una mano traía un bastón y en la otra agarraba su bolso sobre el regazo. Cuando la vi entrar, me acerqué a ella para preguntarle si necesitaba algo y para darle las instrucciones de seguridad específicas para PMR. Los chicos de rampa estaban ayudándole a salir de la silla de ruedas para sentarse en su asiento, así que esperé a que terminaran para empezar a hablar: - Señora, vamos a sentarla en el asiento del pasillo. Levántese despacito y nosotros le ayud... - ¿En el pasillo? ¡De eso nada! ¡Yo me siento en el lado de la ventanilla! - Tenemos que sentarla en el pasillo. - ¡Ni hablar! ¡Os digo que me sentéis en la ventana! Viendo que aquello empezaba a subirse de tono, me acerqué a ella: - Buenos días señora. ¿Cómo está? Disculpe, pero tal y como le dicen los chicos, tiene que sentarse del lado del pasillo. Es una nor... - Tú no te metas, azafatucha. Yo me siento donde quiero, que es en la ventana. Ahí veo mejor el paisaje. - Señora, tiene que sentarse en el pasillo. Es una norma de seguridad. Iba a explicarle las razones de seguridad por las que debía sentarse obligatoriamente en el pasillo, cuando levantó el bastón que llevaba en la mano y me amenazó con golpearme. - ¡Oiga! Deme ese bastón. Como vuelva a amenazarme se lo diré al comandante. Casi tengo que arrancarle el bastón de las manos, pero finalmente conseguí quitárselo y subirlo al compartimento superior. El pasaje comenzó a embarcar y veinte minutos después despegamos. La señora se había quedado dormida y no volvió a dar la lata en ningún momento del vuelo. Durante el desembarque, mientras despedíamos a los pasajeros y mi sobrecargo me recordaba que después del desembarque vendrían de nuevo a recoger a la señora de la silla de ruedas, ante nuestros atónitos ojos, la señora se despedía de nosotros caminando como si nada y con un gesto bastante obsceno. - ¡Señora! ¿Pero usted no necesita la silla de ruedas? - ¡Ja! eso es lo que vosotras querríais... verme en silla de ruedas. ¡Mirad, mirad como salto, azafatuchas! Nos quedamos perplejos. Tardamos varios segundos en reaccionar. - ¿Qué hacemos? ¿Se lo decimos al coordinar? -le pregunté a mi compañera - - No, déjala. Ya tiene bastante la pobre mujer con ser como es. Y mi sobrecargo tenía razón. Estos son los momentos "raros" de la aviación. Todo va bien y de repente sube un loco a bordo que te hace caer en la cuenta de lo diferentes que somos entre nosotros. Pero esa es la realidad. Gente como esa te la encuentras dentro y fuera del avión. Cuando volvimos a la realidad y nos dimos cuenta de lo que acabábamos de vivir no podíamos parar de reír.¡Un café en el galley y a recargar pilas para el siguiente vuelo!

img: by Mads Boedker

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