¡Nos vamos al fútbol con nuestros pasajeros!
25/09/2012Tengo que reconocer que me gusta el fútbol a rabiar. En serio. Una de las partes que más me gustan de ser TCP es tener la prensa deportiva gratis al alcance de la mano día tras día. Pero también debo de reconocer que siempre me ha dado mucha envidia esas historias que escuchaba de tripulaciones 3 días en Atenas, Amsterdam, Tel Aviv... acompañando a tal o cual equipo mientras ellos jugaban su partido de Champions League o Copa de la Uefa. O incluso con la selección española. Por otro lado, los que contaban estas historias, decían que los vuelos eran un caos. Los futbolistas no hacían caso para apagar los dispositivos electrónicos. Te querían coger cosas del bar que tenías prohibido darles ( chocolate, patatas fritas, whisky, vodka...). Los directivos se ponían a fumar. Los periodistas en la cola del avión se creían que los TCPs eran sus esclavos... Pero a pesar de ésto, siempre quise hacer vuelos de fútbol. Al final todos acababan con unas entraditas para ver el partido gracias a algún directivo rumboso. Alguna vez llevé a equipos de Segunda en vuelos regulares, alguno de baloncesto ( Real Madrid, Barcelona, Jouventut...), fútbol sala, waterpolo, incluso a Pau Gasol. Pero nunca en un vuelo chárter exclusivo cómo de los que había oído hablar. Y por fin llegó el día. Yo no tenía el vuelo. Me lo pusieron por mensaje al móvil. Vuelo largo. A Kazan. Rusia. A unos 700 kms al sur de Moscú. Bueno. Y rápidamente me escribe mi amigo Pablo. Él también viene y me dice que llevamos al Barça. Mira tú, que exótico. Nos presentamos en el aeropuerto y en la entrada de la sala de firmas hay multitud de chicas de limpieza, mecánicos y personal del aeropuerto que, no se cómo, saben quienes somos los que hacemos ese vuelo y nos dan cartas, camisetas, balones e incluso un peluche para que se lo demos a ellos." Ufffff.... lo sentimos, es que no podemos pedirles autógrafos ni nada". Y era verdad. En el briefing nos dijeron el protocolo. Nada de autógrafos, ni fotos, ni pedir entradas, ni darles guarrerías ni alcohol. La seguridad es lo primero. Que apaguen móviles, Ipads, etc cuando corresponda. Bien. Empieza el embarque. Se hace rápido. Cuesta un poco que apaguen los teléfonos, en especial los periodistas pero nos vamos. Yo tenía especial curiosidad por saber como se comportaban estas megaestrellas en las distancias cortas y estando todos juntos. Pensaba que serían supercreídos y hasta déspotas. Pues no. Todos calladitos a sus cosas. Sin pedir nada más que zumo o agua. Los directivos y entrenadores igual. Chapeau por ellos. Ahora eso sí, los periodistas que acompañaban al equipo, incluyendo a alguno famoso que sale en la tele, no se comportaban igual. Montando escándalo en medio del pasillo, bebiendo de gorra como si no hubiera mañana, no muy corteses con nosotros. Para no herir susceptibilidades aclaro que hablo de los de aquel vuelo simplemente. No de todo el colectivo de plumillas deportivos. Llegamos a Kazan y resulta que al comandante le han dado unas entradas. ¡Bien! ¡Vamos al fútbol. Era septiembre de 2011 pero ya hacia un poco de fresquito en el corazón de Tartaristán.Pasamos 2 días haciendo turismo. Que bonitas son esas ciudades perdidas. El Barça empieza perdiendo. Después empata. Nos vamos al avión rápido en 3 taxis para preparar el avión y volvernos. Como han empatado vienen tranquilos. Ahora sí les podíamos dar cerveza. Seguro que queréis saber cotilleos. Bien. ¿Sabéis que es lo que estaba de moda en aquel vuelo ? No era ver pelis en Ipads o portátiles, ni jugar a las cartas. Lo que todos hacían por grupitos era jugar al parchís en el Ipad. Y parecía que a Villa se le daba especialmente bien. Es más, tengo una amiga, Cristina, que ha llevado 3 veces al Real Madrid y cuenta lo mismo: parchís en el Ipad. Todos. Guardiola, Vilanova, Rossell, Villa, Messi, Xavi, Pedro pero especialmente Puyol e Iniesta son educadísmos e incluso nos preguntan si estamos cansados, si hemos visto el partido desde un buen sitio. Cristina me dice que en el Madrid, Casillas, Mourinho y Xabi Alonso siempre les dicen lo mismo y se preocupan de que tengan entradas y demás. En fin, al fin y al cabo, son personas con familias y amigos que trabajan igual que nosotros. Al irse, todos majísimos, dándonos las gracias, firmando lo que fuera y haciéndose fotos con nosotros. Pero sí, amigos míos. Hubo un par de excepciones. No muy educados, sin hacer caso de nada y con malas maneras. E incluso algo desafiantes al hablarnos. Pero bueno, todos tenemos días mejores y días peores. ¡Una nueva experiencia a bordo!




