Fin de curso a bordo
25/10/2012Comienza el embarque... Primero ves a un par de ellos y piensas que vendrán con sus padres. - Ok, DeHavilland, no pasa nada. Por un momento pensé que podría ser un viaje de fin de curso, pero no. Solo son 2- piensas mientras respiras alivido. Craso error. Cuando te relajas,¡zas, en toda la boca! Se arranca la marabunta y entran treinta niños en tropel con tres profesores que tratan, inutilmente, de meterlos a todos en cintura. Bueno, se avecina un vuelo divertido. Yo personalmente, prefiero que sean niños más pequeños. De 12-13 años, que suelen ser más tranquilos y hacen más caso a los profesores. Con cualquier cosa se entretienen. Sin embargo, el vuelo más temido para mí es el vuelo de final de curso de instituto. Niños en plena edad del pavo que no atienden a razones y que suelen tener la rebeldía por bandera. Vaya por delante que me pongo a en su lugar y a su edad yo era igual o peor, por lo que muchas veces no nos queda nada más que sonreír y recordad que nosotros también éramos parecidos a ellos. Anécdotas hay de todos los colores, pero siempre recordaré lo que nos ocurrío el último mes de junio. Volábamos a Lanzarote desde Madrid. ¡Y mira que casualidad, que los niños que aparecen en el avión son los de mi antiguo colegio! Mi cole de toda la vida. ¡Qué ilusión ver a don Francisco y a la señorita Maribel! Y qué ilusión les hizo a ellos, verme a mi con el uniforme. ¡Qué besos me daba la seño! También venía don Tomás, el de matemáticas, pero a ese me hizo menos ilusión verle... A mitad del vuelo, un grupito de chavales me llama y me dice que si puedo hacerle un favor a Borjita, porque le encantan los aviones. Yo pensaba que era lo típico en estos casos: que le dejara pasar a la cabina. Pero no. Lo que querían era más divertido. Borjita quería que yo me fuera al asiento 25C y le dijera a la chica que estaba allí sentada, Marta, que si cuando llegaran a Lanzarote quería ir a tomar una coca-cola con él. ¡Madre mía! A estas alturas y me piden hacer "de Celestino". Me hizo muchísima gracia y recordé que yo a esos 14 años también era muy tímido para esas cosas y que me hubiera gustado que alguien me hubiera ayudado así con Silvia, mi amor platónico del colegio. Total, que me armé de valor y allí que me fui. A la niña Marta le entró la risa floja y me dijo que le contestaría con una nota. !Glup! ¡Pobre Borja! Fui a decírselo y el pobre se quedó cortado. Ya de paso, saqué mi vena cotilla y se lo conté a la seño Maribel, que se reía mientras ojeaba el Hola. Y ya casi al aterrizar, Borja me enseña con una gran sonrisa la notita que le había mandado Marta con un simple "Sí". Ahí pensé que qué poco cuesta ayudar al prójimo, pero que ya estaba yo mayor para estos trotes. Juventud divino tesoro. Sobre lo que no tengo duda es de las pocas ganas que tengo de hacer vuelos de fin de carrera y/o paso de ecuador. Gente más mayor con ganas de despendolarse. He escuchado historias de botellones en los baños con bolsas de hielo incluidas y música a todo trapo. También, de gente con graves intoxicaciones etílicas que se iban directos al hospital en Punta Cana o Varadero, por ejemplo. Por suerte, estos vuelos son los menos frecuentes. Y además, en caso de los peques, los profesores siempre mantienen a los niños a raya. Eso sí, les encanta pedir vasos de agua. Y vasos de agua. Y vasos de agua. Y vasos de agua.....




