¿Cual es la historia de los tcps?

08/07/2014

Érase una vez una enfermera de los años 30 llamada Elle Church, una enfermera a la que siempre le había fascinado volar. Un buen día decidió trabajar como piloto y solicitó trabajar como tal para la compañía Boeing Air Transport (BAT). Debido al alto riesgo que se consideraba volar en aquella época, no la llegaron a contratar como piloto pero sí le ofrecieron un contrato como enfermera. Tras pasar la primera entrevista, Elle sugirió la posibilidad de emplear a mujeres para que se encargaran de la salud y la seguridad de los pasajeros, y así fue como Ellen no sólo se convirtió en la primera azafata de vuelo, haciendo su primer Oakland-Chicago, sino que además, consiguió que contrataran a 7 mujeres más para realizar las mismas funciones. Pasada la segunda guerra mundial, las necesidades del conflicto bélico internacional ya no eran tan imperantes, por lo que a la antigua “enfermera de vuelo” se le fue buscando otra denominación que encajara más con la función propiamente dicha de una azafata. Ya no se necesitaban tituladas en enfermería a bordo, sino alguien que supervisara la seguridad de los pasajeros y que los atendiera según sus necesidades (no forzosamente médicas). Tras barajar un amplio abanico de posibilidades tales como aeromoza, aviaria, mayordoma o provisadora, finalmente en los años 50,  cuando se iniciaba la industria aeronáutica para el transporte de personas, se adoptó el término azafata como el que mejor definía esta profesión. Y es que la palabra azafata proviene del árabe “Safats”. “Safat” era una bandeja que contenía joyas en la época musulmana del Al-Ándalus. Dichas bandejas eran propiedad de las mujeres adineradas que poseían esclavas a su servicio. Estas esclavas eran las que custodiaban estas bandejas adoptando así por primera vez el término “azafata” en España, que junto con el de “camarista”, venían a ser las mujeres al servicio de las reinas de España. Este carácter servicial del término, seguramente fue lo que en los años 50 hizo que las compañías aéreas lo adoptaran como el mejor para describir a la persona encargada del servicio a bordo y posteriormente, de la seguridad de los pasajeros. Posteriormente, la Real Academia Española recogió gramaticalmente también el término masculino “azafato”. Pero donde realmente se utilizó el término “azafata” por primera vez fue en un vuelo de Iberia  el 22 de septiembre de 1946. Fue el primer vuelo que atravesaba el Atlántico, con varias escalas y que llegó a durar 36 horas! En 1947, la compañía Finnair dió por fin alas a todas aquellas mujeres que soñaban con trabajar a bordo de un avión haciéndoles pasar un duro proceso de selección. Desde pruebas de lengua y diferentes pruebas de estrés y de  psicología, a todo tipo de tests físicos que pretendían poner a prueba la salud y la resistencia física de las azafatas de entonces. No deja de ser curioso porque para saber si una persona podría llegar a marearse a bordo de un avión, utilizaban sillas rotatorias que eran puestas a gran velocidad, y cuya sentada azafata tenía que diferenciar cuántos dedos enseñaba el examinador al acabar “esta inolvidable experiencia en silla”.  Asimismo, las azafatas debían pasar por el cuarto de despresurización para saber si eran capaces de resistir a los cambios de presión. Sólo deciros que dicho cuarto era conocido como el “Cuarto de los horrores”! Y así, con el resto de pruebas que trataban de testar el corazón llevándolo a sus límites así como a la musculatura de las extremidades.

Y por fin llegamos a los años 60 y 70, en los que las azafatas ya dejaron de ser enfermeras, incluso simples camareras, para llegar a convertirse en verdaderas modelos publicitarias. Por aquel entonces podíamos ver anuncios con fotos de las azafatas vistiendo faldas cortas o escuchar anuncios con voces sugerentes del tipo “I,m Sandra. Fly with me” (Soy Sandra, vuela conmigo”). Además, no podían subir de peso, tenían que estar siempre limpias, maquilladas, peinadas, así como usar tacones altos, minifaldas, estar solteras al menos 18 meses, no pasar de los 26 años y muchas otras reglas más.

Afortunadamente, posteriormente, las mujeres que trabajaban en esta profesión, cansadas de tantas reglas, empezaron a reclamar mejores condiciones de trabajo, sobre todo porque lo que ellas en realidad buscaban era ser independientes económicamente. Y así es como poco a poco las condiciones de trabajo de las azafatas fueron mejorando utilizando uniformes diseñados con otra finalidad (la comodidad y el confort) dejando de ser baratas modelos. Ni que decir tiene que, afortunadamente también, las pruebas de selección dejaron de ser tan duras como antiguamente. Ahora, por suerte, tan sólo tenemos que pasar tests psicotécnicos, pruebas de inglés, dinámicas de grupo y entrevistas personales, limitándose el examen médico a pruebas sencillas e indoloras de corazón, oídos, vista, etc. y habiendo dejado atrás la puesta en práctica de aquellas pruebas que podían haber llegado a hacernos sentir hasta “ratas de laboratorio”.

¿Qué os ha parecido? Os gustaría ahora sentiros parte de la Historia y crear la vuestra propia como azafata o azafato? El futuro es vuestro!

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